jueves, 14 de febrero de 2008

INSTRUCCIONES PARA LEER Y ESCRIBIR: Un Homenaje a JULIO CORTÁZAR

CEPA “ AGUSTINA DE ARAGÓN”

II TRAMO. Nivel 4º B.

Turno Mañana 2007/2008.

Palmira López Fraile




INSTRUCCIONES PARA SUBIR UNA ESCALERA


Autor : Julio Cortázar (en su libro Manual de Instrucciones).

Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se sitúa un tanto más arriba y más adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquier otra combinación produciría formas quizás más bellas o pintorescas, pero incapaces de trasladar de una planta baja a un primer piso.

Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se la hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie.)

Llegado en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso.



Después de leer el texto, responde a estas preguntas en tu cuaderno:

1.- ¿Cuál es el contenido o tema de cada párrafo?
2.- ¿Qué tipo de lenguaje utiliza el autor: vulgar, científico o coloquial?
3.- ¿En que tiempo verbal está escrito este texto: en pasado, en presente o en futuro?
4.-¿Cómo definirías tú una escalera?
5.- Enumera cinco o seis palabras que utiliza el autor y que pertenecen al campo de la Geometría.
6.- Subraya todas las formas verbales del segundo y el tercer párrafo.
7.- Ahora clasifícalos según sean de la 1ª, 2ª o 3ª conjugación.


Habrás observado que este escritor, Julio Cortázar , es un burlón. Nos da instrucciones para el manejo de algo tan familiar y sencillo como una escalera, pero lo hace de tal forma que ésta parece un aparato cuyo manejo tenemos que consultar en un manual de instrucciones.
Parece, pues, que su intención es burlarse un poco de esos manuales que casi siempre utilizan un lenguaje técnico, complicado, que no llegamos a entender. Por eso, él utiliza esos términos de geometría y otros artilugios lingüísticos.

8.- Ahora, y por parejas o tríos, escribid unas instrucciones. Os daré varias propuestas a elegir:
- Instrucciones para darse un baño relajante.
- Instrucciones para pedir perdón a alguien que está dolido contigo.
- Instrucciones para seducir a alguien.
- Instrucciones para acudir a la consulta del dentista.
- Instrucciones para hacer una fotografía de un paisaje.
- Instrucciones para escribir una carta a un amigo/a.



Y por último, otra instrucción de Julio Cortázar.


INSTRUCCIONES-EJEMPLOS SOBRE LA FORMA DE TENER MIEDO.

En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen. Si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la tarde, muere.

En la plaza de Quirinal, en Roma, hay un punto que conocían los iniciados hasta el siglo XIX, y desde el cual, con luna llena, se ven moverse lentamente las estatuas de los Dióscuros que luchan con sus caballos encabritados.

En Amalfi, al terminar la zona costanera, hay un malecón que entra en el mar y la noche. Se oye ladrar a un perro más allá de la última farola.

Un señor está extendiendo pasta dentífrica en el cepillo. De pronto ve, acostada de espaldas, una diminuta imagen de mujer, de coral o quizás de miga de pan pintada.

Al abrir el ropero para sacar una camisa, cae un viejo almanaque que se deshace, se deshoja, cubre la ropa blanca con miles de sucias mariposas de papel.

Se sabe de un viajante de comercio a quien le empezó a doler la muñeca izquierda, justamente debajo del reloj de pulsera. Al arrancarse el reloj, salió la sangre: la herida mostraba la huella de unos dientes muy finos.

El médico termina de examinarnos y nos tranquiliza. Su voz grave y cordial precede los medicamentos cuya receta escribe ahora, sentado ante su mesa. De cuando en cuando alza la cabeza y sonríe, alentándonos. No es de cuidado, en una semana estaremos bien. Nos arrellanamos en nuestro sillón, felices y miramos distraídamente en torno. De pronto, en la penumbra debajo de la mesa vemos las piernas del médico. Se ha subido los pantalones hasta los muslos, y tiene medias de mujer.